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“Machi” González, uno de los eslabones en la fabulosa legión del tenis tandilense

Llegó a ser número 22 del mundo en duplas, y el 58 en individuales. Participó en Juegos Olímpicos, Copa Davis y varios Grand Slam. A los 37 años juega exclusivamente el doble y ni de reojo mira el retiro. Un repaso a fondo por una carrera forjada desde el sacrificio y la dedicación.

Máximo González recorrió su carrera junto a El Eco de Tandil.

Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción

fernandoizquierdo@hotmail.com

 

Máximo González es uno de los tantos tenistas que han plantado la bandera de Tandil en el plano internacional.

La escuela del club Independiente, inigualable mundialmente en términos de formación para la alta competencia, fue su cuna lógica. Emulando a Guillermo Pérez Roldán y Mariano Zabaleta, emergiendo a la par de sus amigos “Pico” Mónaco y Diego Junqueira, y sirviendo de espejo para valores como Juan Martín Del Potro, “Machi” se abrió camino en el profesionalismo, una verdadera trituradora para quienes no reúnen algunas condiciones indispensables para ser parte de ese ámbito de extrema exigencia.

Pasaron casi 35 años desde  que empuñó por primera vez una raqueta y su pasión por esta disciplina permanece inmaculada. Se ve reflejada en su palabra, desde cuando habla de la insistencia a la que sometía a sus hermanos mayores para que jueguen con él cuando apenas tenía tres años, hasta cuando repasa sus apariciones en Juegos Olímpicos y Copa Davis, o su inminente participación en el US Open ’20. Su relato denota el mismo entusiasmo que deja ver en la cancha, en la que suda hasta la última gota para imponerse y emparejar desde la enjundia ante rivales que lo superan en determinadas facetas técnicas.

A punto de armar las valijas para un enésimo viaje al exterior, “Machi” compartió un extenso diálogo con este Diario para repasar su carrera y analizar su futuro inmediato:

 -¿Cuándo agarraste una raqueta por primera vez? 

-Tendría tres o cuatro años. Mi hermano y mi hermana, mayores, jugaban. Siempre me cargan porque les pedía que juegue conmigo en el patio y no querían saber nada, yo era muy chico. Y ahora me dicen que él que no quiere jugar con ellos soy yo.

Durante un tiempo jugué simultáneamente al fútbol, en Rivadavia y después en Grupo Universitario, hasta los 16 años. Empecé a entrenar tenis en doble turno y me quedé sólo con ese deporte, fue lo que sentí y lo que quise.

-¿A qué atribuís que el club Independiente sea un semillero inigualable? 

-A la formación. Desde (Raúl) Pérez Roldán hacia abajo siempre se siguió una línea de entrenamiento muy buena. Siempre se ha formado muy bien a los chicos, no sólo en la parte física, sino también moldeando buenas personas. Una formación que te sirve no sólo para el tenis, sino para la vida en general.

-¿Cómo venís transitando esta pandemia?
-Fue difícil. A mí me agarró jugando la Copa Davis en Colombia. Terminamos y viajé para Indian Wells junto a Diego Schwartzman y Juan Ignacio Lóndero. No pudimos jugar allí y el siguiente torneo era Miami, pero dos semanas después. Volvimos a Argentina y nos encontramos con todo lo que pasó, los casos fueron aumentando. Ha sido difícil, no estamos acostumbrados a estar tanto tiempo sin movernos, sin jugar y sin viajar.

-¿Cómo lo sobrellevaste en lo personal? 

-Vivo en un departamento con mi mujer y mi hija, y tenemos una perra. Tuvimos que acondicionar la casa, armarle cosas a la nena para que pueda entretenerse adentro y demás. Tiene dos años, con lo cual su energía es mucha. Respecto al tenis, pasamos por mucha incertidumbre, que volvía en junio, en julio, en agosto… Yo, por ser atleta olímpico, recibí un permiso para entrenar y hace unas semanas que lo estoy haciendo.

-Volvés en el US Open. 

-Claro, en mi caso no voy a ir a Cincinnati. Voy a viajar el jueves, el torneo de dobles comienza el miércoles 2 de septiembre pero nos exigen estar unos días antes. Debemos hacernos dos hisopados y otra serie de chequeos, vinculados a un protocolo establecido por el torneo. Después de ese torneo, haré una gira por Europa. Voy a jugar con el italiano Simone Bolelli, habíamos proyectado afrontar juntos la gira de polvo de ladrillo que, finalmente, se canceló. No nos será fácil entrar a los torneos, habrá pocos y muchos jugadores interesados en participar. Yo estoy 42 del mundo y Bolelli alrededor del puesto 70. Jugaremos todo lo que podamos para arrancar preparados el año próximo.

-El primer viaje será especial. 

-Sí. Algo nuevo, habrá nervios, miedo a viajar, incertidumbre por lo que va a pasar. Habrá que adaptarse hasta que esté disponible la vacuna.

-¿Cómo fueron tus primeros días de cuarentena cuando aún no tenías el permiso olímpico? 

-La verdad es que no entrené mucho. Me relajé un poco porque de entrada se dijo que el tenis no volvería este año. Estaba con mi hija todo el día, me acostaba a las 3 ó 4 de la mañana y me levantaba tardísimo, como les ocurrió a muchos. Cambiamos todos los horarios y las rutinas. Después, mis preparadores físicos me trajeron una bici fija, mancuernas y otros elementos como para que me mantenga. Pero no es lo mismo que un entrenamiento normal, en mi departamento no tengo mucho espacio, está mi hija que, apenas empiezo a hacer algo, se me sube y demás. Se complicó para mantenerme en la parte física, por suerte hace unas seis o siete semanas volví a entrenar y ponerme bien.

-¿Qué rescatás como positivo de haberte dedicado exclusivamente al doble? 

-Entre lo positivo, tengo más tiempo. Yo intento viajar con mi mujer y mi hija, y estando con ellas se hace más difícil el tema de los entrenamientos. Además, pude alargar mi carrera, tengo 37 años y siento que puedo jugar dos o tres más en estas condiciones, viajando con mi familia. Jugar sólo el doble te permite eso, si también hiciera single sería mucho más difícil, dedicaría mucho más tiempo a los entrenamientos y los ciclos de recuperación. La competencia también es más corta, el cuadro de dobles tiene menos partidos.

-¿Y de negativo? 

-Que me gustaba mucho jugar single. Me hacía bien la sensación de depender sólo de mí, y la de luchar y correr. El doble es jugar en un espacio más reducido y ser un poco más estratega.

-¿Ser exclusivamente doblista te permite una evolución mayor que la que tenías cuando jugabas single en simultáneo? 

-Sí, aunque hay grandes doblistas que también juegan el single. Pero al jugar solamente el doble, vas incorporando ciertas cosas más rápido. Cuando también jugaba el single, yo era un buen doblista. Pero cuando empecé a dedicarme exclusivamente al doble dije: “¡Uh, cuánto me faltaba!”.

-¿En qué facetas? 

-Más que nada en cubrir la red. No hay tantas diferencias en la devolución o en el resto del juego desde el fondo. Las voleas también son distintas, el doble te exige hacerlo hacia los costados para encontrar ángulos, mientras que en el single buscás el fondo de la cancha. También se trata de cerrar el medio cuando tu compañero saca, una serie de cosas propias del doble. Con el agregado de que, en el single, nunca fui un jugador de ir mucho para adelante, con lo cual en el juego en la red me encontré con muchas cosas nuevas. En césped o cemento, hago mucho saque y red, algo que jamás desarrollé como singlista.

-¿Luego de tener tantos compañeros, hay alguno con el que te hayas sentido especialmente cómodo? 

-Con varios me sentí bien. Después, por una cuestión u otra, dejé de jugar con ellos. Con (Horacio) Zeballos me fue bien pero me lesioné en Wimbledon y estuve tres meses afuera. Él pasó a jugar con (Marcel) Granollers y logró grandes resultados. También estuve muy cómodo compartiendo Copa Davis con “Leo” Mayer, con quien años antes había jugado algunos Challenger. Con (Andrés) Molteni hicimos dupla este año en la Copa de las Naciones de Australia y jugamos bien. También estuve a gusto con (Guillermo) Durán, que es mi amigo, con Nicolás Jarry y con “Fede” Delbonis, con quien ganamos dos veces en San Pablo. Mi ventaja es que puedo adaptarme a jugar en la red o en el fondo, como también al compañero que tengo. Esto último es clave, porque cuando vas a un torneo con un compañero que también juega el single, tenés poco tiempo para entrenar juntos.

-¿Emocionalmente, fue más fuerte jugar la Copa Davis o ir a los Juegos Olímpicos? 

-La Davis. Me tocó debutar en un partido que me marcó, en Kazajistán, cuando nos jugábamos la permanencia en el Grupo Mundial. Fue un momento increíble, sentí muchos nervios, me encontré con un partido muy importante el día de mi debut. Fue una experiencia muy fuerte. También disfruté mucho jugar el año pasado la fase final en Madrid. Fueron dos momentos que me van a quedar marcados para toda la vida. Obviamente, ir a los Juegos Olímpicos de Río también fue muy especial. Por el hecho de jugar con un amigo como Juan Martín (Del Potro) y de que haya ido a verme mi familia. Pero a eso se lo vivía como algo más similar a un torneo del circuito, si bien representás a Argentina, jugás más para vos. La Davis te da una sensación más pura de representar al país, es como que estás en la selección.

 

 

Rival de Federer y consejero de Nadal

 

 

 

El sorteo del cuadro principal del US Open 2008, puso a “Machi” cara a cara con uno de los mejores de la historia, el suizo Roger Federer:

-¿Entraste pensando que tenías alguna chance? 

-No. Yo recién había ingresado al top cien después de haber tenido años difíciles, era mi primer US Open. Ver a Federer fue fuerte, yo no llevaba mucho tiempo en el circuito como ahora, que a Roger lo veo mucho más seguido. Lo vi y sentí que medía cinco metros. Cuando supe que iba a debutar contra él me dije: “Qué lindo momento, tengo que disfrutarlo”. Pensé en eso y en no ponerme nervioso para poder jugar bien, pero no pensé en que le podía ganar. Entré más a vivir el momento increíble que terminó siendo.

-¿Qué cosas deslumbrantes de su juego notaste al enfrentarlo? 

-Todo. Sus tiros son tremendos. Acorta los tiempos. Sentís que hiciste un tiro bárbaro y no le causás el mínimo daño, te lee todo. Te trae a la red con un slice corto y pensás que el punto es tuyo y de golpe te das cuenta de que te redujo todas las opciones achicando la cancha. Cualquier pelota buena que le tiraba, me respondía con otra mejor. Le metía un gran saque y lo devolvía como si nada, decís: “¿Cómo puede ser?”. En esa época yo estaba acostumbrado a participar en los Challenger de polvo de ladrillo. Había jugado poco en torneos ATP o Grand Slam, al igual que en cemento. Tiros que en esos niveles te llegaban lentos, cuando los ejecutaba Federer eran winners. No le encontrás huecos, le busqué el revés porque supuestamente era su lado débil y me salía con un slice corto, otro largo o soltaba el brazo y sacaba un tiro paralelo increíble, en un momento no supe qué hacer. Es, técnicamente, el jugador más grande que vi. 

-¿Antes del sorteo preferías ese escenario o enfrentar al número 80 del mundo en la cancha 14? 

-A mí me gustó que me toque eso. Algunos venían y me decían: “Uhhh, te tocó Federer”. Estuvo bueno. Para él era su primer torneo después de perder el número 1 a manos de Nadal, que se lo quitó saliendo campeón olímpico en Beijing. Me dije: “Va a venir con bronca”. Cuando supe que debutaba contra Federer tuve una buena sensación, lo valoré porque sabía que podía ser mi única chance de jugar contra él en esa cancha. De hecho, no me pasó nunca más.

-¿Qué hay del Federer persona? 

-Es lo que se ve dentro de la cancha, un caballero. Llega al vestuario y saluda a todos, y los conoce. Me ha tocado entrenar con él y sabía quién soy y contra quién había jugado, está muy al tanto de todo.

-¿Djokovic?  

-Con Djokovic compartí muchas cosas, pero él más que nada está unido a los serbios y a sus amigos. Es medio “personaje” como se lo ve, simpático, viene y te habla en español, anda a los gritos, le gusta toda esa locura. Es también una muy buena persona, aunque con otro carácter respecto al de Federer.

-¿Y Nadal? 

-A partir de mi amistad con “Pico” Mónaco he podido compartir muchas cosas con él, vestuarios, cenas, meriendas y mesas de póker. Además, cuando compartís idioma te tratás más. Una vez me sorprendió, en Roland Garros. Le tocaba, en tercera ronda, el serbio Lajovic, a quien yo había vencido dos semanas antes en un Challenger. “Rafa” tenía el locker al lado del mío, nos pusimos a charlar y me empezó a preguntar datos sobre Lajovic. Él, que había ganado ya ocho veces Roland Garros, me preguntaba qué hacer, y qué cosas hacía bien y cuáles mal Lajovic. Dije: “¡Guau!”. Ahí, notás lo grandes que son esos tipos. Parece que a ese nivel nadie necesita nada de nadie, pero son tan grossos que quieren seguir sabiendo. A mí me gusta mucho estudiar a los rivales, entonces le di algunos datos. Me lo agradeció, fue y le ganó 6-2, 6-2 y 6-1. Le ganó porque es Nadal, no por mis consejos. Parece que no, pero ellos saben todo lo que les pasa alrededor.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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