fbpx Daniel Romeo, a medio siglo de la “palomita” que alegró el corazón “pincharrata” – El Eco
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Daniel Romeo, a medio siglo de la “palomita” que alegró el corazón “pincharrata”

El 26 de mayo de 1971, el tandilense anotó el gol en el 1-0 de Estudiantes sobre Nacional, en la ida de la final de la Libertadores. Cincuenta años después, rememora aquella conquista y su recorrido en un equipo que dejó una marca indeleble en la historia del fútbol argentino.

Zambullida al gol de Daniel Romeo, el 26/5/71.

Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción

fernandoizquierdo@hotmail.com

 

 

Aunque haya transcurrido medio siglo, Daniel Romeo atesora con lujo de detalles la “palomita” que ejecutó la noche del 26 de mayo de 1971. La acción, no sólo sirvió para darle a Estudiantes el triunfo en el partido de ida de la final de la Copa Libertadores ante el Nacional uruguayo sino que le valió al tandilense un lugar de privilegio en el corazón del hincha “pincharrata”, del cual ya nunca podrá ser desalojado.

Veloz, Romeo ganó en el anticipo y aplicó un cabezazo letal, técnicamente inmejorable, antes de emprender una vigorosa carrera hacia el alambrado, donde explotó de algarabía de cara a los fanáticos albirrojos.

Si bien los orientales terminarían haciendo suya la serie, ganando la revancha en el Centenario (1-0) y el desempate en Lima (2-0), e interrumpiendo la histórica racha de los platenses (tricampeones entre 1968 y 1970), el testazo del tandilense inclinó la balanza para el lado de los argentinos, ganadores ese día por 1-0.

Con apenas 20 años, en los albores de una carrera profesional abortada de manera prematura por una lesión, Romeo anotaba el gol más significativo de su trayectoria futbolística.

Cincuenta años después, su repaso deja traslucir vívidos recuerdos de aquella noche en la capital provincial, y en lo minucioso, detalles de la inolvidable “palomita”:

“A ese gol, la gente de Estudiantes, sobre todo quienes ya son grandes, me lo recuerdan permanentemente. Fue un lindo gol, todavía recuerdo la sensación del golpe de la pelota en mi cabeza. Yo esperaba el centro al segundo palo, estaba entre Ancheta y Montero Castillo, sabía que estando ellos no podría ganar en lo alto. El centro de Pedro Verde vino corto, piqué delante de mis rivales y metí el frentazo. Hoy, contándotelo, se me eriza la piel. Fue el cierre de una jugada que empezamos en la mitad de cancha con Pachamé y Verde. Recuerdo el gol con mucho afecto, hoy la gente me asocia mucho con él. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo”, comienza recordando el entrenador de Santamarina en el Nacional ’85.

-Un gol llegando desde atrás, algo característico en tu juego.

-Claro. Yo tenía esa cualidad de llegar. Me acuerdo de que cuando Zubeldía me subió a primera para cubrir el lugar de “Bocha” Flores, yo venía de hacer nueve goles en tres partidos en la tercera, para un equipo con el que fuimos campeones invictos. En la primera, llegábamos con mucha contundencia, teníamos a (Juan Ramón) “Bruja” Verón, que se iba hasta el fondo y tiraba unos centros impecables. Mi obligación de siempre era llegar, porque tenía la libertad para sumarme al ataque o para perder la pelota por intentar una gambeta, a partir de un equipo que me respaldaba. Con 17 ó 18 años, yo trataba de hacer todo bien para ganarme un lugar en la primera y no era sencillo, en Estudiantes había varios “10” importantes.

-¿Quién era tu socio futbolístico ideal?

-Me entendía muy bien con “Juanchi” Taverna, yo conocía muy bien sus movimientos. También con Carlos Pachamé, era muy lindo jugar con él porque me ordenaba todo el tiempo “subí”, “bajá”, “tranquilo, que estás solo”. Esos jugadores siempre decían que hay que hablar, y es verdad, es algo que aprendí con el tiempo.

-¿Tras la victoria en La Plata pensaste que esa Copa no se les escapaba o que aún quedaba mucho por hacer?

-La serie estaba abierta. Nacional era un equipo fortísimo, con jugadores como Cubilla y Artime. Contaban con futbolistas desequilibrantes que tenían claro qué hacer. Nosotros teníamos un equipo importante, con lo cual era una final pareja. Fuimos a una revancha llena de irregularidades en Montevideo y después, en cancha neutral, era para cualquiera.

-¿Qué irregularidades?

-En la Copa Libertadores de ese entonces se sufría mucha hostilidad cuando ibas de visitante. Asedio en el hotel, por ejemplo. Y, en el estadio, mientras hacíamos la entrada en calor bajo una tribuna, a minutos de que empiece el partido, vinieron diez tipos a patotearnos y nos terminamos agarrando a trompadas. Te hacían sentir que eras visitante, había que comérsela y jugar.

-¿Te sentiste más cerca de la obtención en esa revancha o en el partido desempate?

-En la revancha. Si bien nos alcanzaba con el empate, no nos conformamos y, por momentos, dominamos. No nos podían llegar, porque Estudiantes estaba bien armado. Pero perdimos 1-0 y, después, se nos escapó la Copa en el partido desempate, ahí fue todo distinto. Nacional nos terminó ganando, pero no es que nos pasó por arriba, éramos un equipo fuerte, con nombres de peso y mucha experiencia.

-¿Qué injerencia tuvo Osvaldo Zubeldía en tu formación?

-Me marcó muchísimo, fue un maestro para mí. Me siguió muy de cerca y me brindó conceptos muy precisos acerca de mis funciones. Me despejó cualquier tipo de dudas sobre qué tenía que hacer para ganarme el puesto. Era una lucha permanente por un lugar en el equipo y no se podía aflojar porque en Estudiantes había muy buenos jugadores.

-¿Sobresalía por sus conocimientos tácticos o por la capacidad para manejar el grupo?

-Tenía todo. Un día llevó a todo el plantel a la estación de trenes de Constitución para que veamos el ritmo de vida alocado de la gente que iba a trabajar, y así inculcarnos que nosotros teníamos el privilegio de ser futbolistas profesionales y la chance de brillar si hacíamos las cosas como debíamos. Era muy contundente, si le fallabas no te decía nada pero te dejaba marcado a fuego.

-¿Y Bilardo?

-Respetó la línea de Zubeldía y se fue potenciando como entrenador. Era un adelantado en todo y terriblemente obsesivo en su trabajo, en épocas en las que había que ir a ver al rival a la cancha, no como ahora que hay videos de cualquier partido.

-¿En su etapa como jugador se le veía “pasta” para futuro entrenador?

-Sí, él sabía que lo sería y sus compañeros, también. No era un jugador que brillara, pero te daba la pelota al pie siempre, te ordenaba, era muy “bicho” para marcar y ubicar a sus compañeros.

-¿Cómo ves al Estudiantes actual, con Verón al frente?

-Con Sebastián tengo una relación muy cercana, tanto en lo comercial como en lo humano. Él ha hecho mucho por el club y como todo aquél que hace, se encuentra con algunas adversidades. No hay que olvidarse de que él volvió pleno como futbolista y sacó campeón al club, se involucró mucho y sé que ha resignado mucho dinero que debía cobrar. En su momento, yo había vuelto al club como manager, con Lombardi como presidente, y después, cuando llegó Sebastián me termine yendo porque no quería tener diferencias con él. Tengo una relación muy fluida, tanto con Sebastián como con su familia.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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