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Temas y lectores

¿Inclusión?

Señor Director:

Esta carta es para reflexionar, porque ya estamos cansados de estar cansados. “Ya nos ganó la resignación”, me dijo mi papá. Pero yo no bajo los brazos, no acepto ver el dolor que genera en mi mamá y en las personas en su situación, la exclusión que viven en esta ciudad.

Días atrás, mi mamá concurrió a renovar su carnet de conductor, presenta una discapacidad, es sorda. Para poder comunicarse, lo hace a través de la lectura labial. Sufrió el maltrato y exclusión de todo el personal de esta agencia pública, ya que nadie usa barbijo transparente en dicha repartición. Por ese motivo, no pudo comunicarse y vivió una situación de angustia totalmente innecesaria.

La accesibilidad a la información y la comunicación son la clave. La vida en cualquier lugar es un camino guiado por la información; ésta regula nuestras decisiones y comportamientos. Las personas sordas necesitan comunicarse e informarse sin barreras en cualquiera de los ámbitos de la vida.

Este último evento fue el detonante de esta carta, pero lo mismo le toca vivir cada día que se acerca a una repartición pública.

Cumplir el protocolo Covid-19 no es sinónimo de exclusión. En el día de hoy, cuando nuestro país se intenta perfilar como un referente en derechos humanos e inclusión, nuestra ciudad retrasa a épocas pasadas donde estos valores y los derechos humanos no eran una prioridad.

Victoria Fogel

DNI 35.172.575

Médica MP: 82123

Más cintura

Señor Director:

Mi nombre es Eduardo Alberto Buente, periodista de la ciudad de Mar del Plata y a la vez, taxista de la misma ciudad. Quiero hacer pública la mala impresión que me llevo de la bonita ciudad de Tandil.

El 15 de septiembre fui contratado para ir a buscar a una pasajera a Olavarría, ya que el 16 iba a ser intervenida en mi ciudad de Mar del Plata. Cuento con el permiso de circulación a nivel nacional y municipal,  registro y todo en regla para poder circular.

A las 5 AM tomé la Ruta 226 en dirección a Olavarría, al llegar al puesto fitosanitario de Tandil, a las 6.30, una señorita de civil me detiene, que me preguntó a dónde me dirigía, y que me sacaba una foto para el próximo control.

Teniendo en cuenta que mi vehículo funciona a GNC y con 170 kilómetros recorridos, necesitaba abastecerme; paré en una estación de servicio Shell en la colectora de la Ruta 226,  descendí de mi vehículo, cargué GNC, pregunté al playero si vendían café para llevar, a lo que me contestó que sí. Así que saqué el vehículo del surtidor,  estacioné y me fui a buscar el desayuno de mitad de camino, por supuesto,  con barbijo, usando alcohol en gel y respetando la distancia social.

Hete aquí que cuando me estoy retirando del local para seguir mi camino, me encuentro con una grúa atravesada detrás de mi auto, y uno de los tres inspectores  viene hacia mí y me dice: “¿Usted no sabe que no puede parar?“. A lo que contesto,  “la verdad que no” (después me entero que estaban haciendo el relevo).

Ahí, cuando le informo que en el ingreso no me habían dicho nada, que estaba mal manejado el protocolo, donde le dije que como periodista, me interesaría saber más. Esa fue la palabra mágica para que me labren un acta, la cual está mal encabezada, ya que dice infracción evadir el puesto de control, algo que nunca hice ni haría, sólo paré a cargar combustible y tomar un café. En definitiva, pasé por Tandil y me llevo un recuerdo de esa ciudad tan bonita.

También tengo que decir que los inspectores hicieron intervenir un móvil policial, que de forma cordial me explicó todo de una manera específica y entendible. Lo que me quedó con esta experiencia es que si la chica que me paró en el fitosanitario al ingreso de Tandil me hubiera informado del protocolo,  esta mala experiencia no hubiera ocurrido, y siempre hay formas y formas de decir y explicar las cosas. Como inspectores de tránsito tendrían que tener cintura para poder trabajar en un momento tan complejo como el que estamos viviendo.

Gracias y saludos.

Eduardo Alberto Buente

DNI 21.726.202

¿Falta de voluntad, inoperancia o incapacidad?

Señor Director:

Quizás sea volver sobre el tema y muchos lo vean como algo reiterativo, mi carta está abocada a encontrar una solución al corte realizado en el paraje El Gallo. Hemos pasado por distintas situaciones, desde que se desató esta pandemia hasta la fecha, tuvimos un control que regulaba la entrada a la ciudad, hasta ahí la vida de los vecinos era bastante normal. Luego pasamos por el quite del control y cerrando con tierra el acceso a la ciudad, desde allí empezó el calvario para la gran mayoría de los vecinos que todos los días se trasladan a la ciudad y que tuvieron que hacerlo por La Vasconia. Esto implicó más kilómetros, más tiempo, más gasto. Quizás nadie pensó que también haciendo esto nos quitaban minutos vitales ante una emergencia, la necesidad de una ambulancia, bomberos o policía.

Después de un tiempo, tomaron la decisión de colocar una tranquera para que algunos vecinos pudiéramos entrar a Tandil desde ella sin hacer esa cantidad de kilómetros demás (aclaro que haciendo el recorrido por Don Bosco son 9 kilómetros y por La Vasconia son casi 30). La tranquera también trajo sus complicaciones, ¿por qué? Porque los funcionarios dejaron que los vecinos seamos jueces y crearon una disputa a ver quién podía pasar, resultado de eso se quita la tranquera y volvimos a realizar los viajes diarios en suma de kilómetros como si los acumuláramos para una tarjeta de viaje.

Como describo en el título, ¿es inoperancia, incapacidad o falta de voluntad? Mi pensamiento es a que se debe a la falta de voluntad y compromiso con los ciudadanos tandilenses, y digo ciudadanos porque implica a gente no sólo de El Gallo, también de Los Mimbres, La Mata y campos que cuentan con esa entrada. ¿Por qué falta de voluntad? Porque se soluciona fácil, tres personas de 8 horas o 4 de 6 horas, y se procede a abrir la calle Don Bosco. ¿Por qué lo veo fácil? Porque en los controles de La Vasconia, de la 30 y 226 sobra gente. Si se tuviera la voluntad, las cosas serían más fáciles ante la mirada de todos y sin ponernos en jueces o a cargar kilómetros viajeros. Este corte sólo sirvió para hervir la sangre de muchos vecinos tandilenses y no solucionó el problema porque constantemente entra gente de otras ciudades que fueron rebotados en los demás controles, con complicidad de vecinos de Tandil que venían y vienen a buscar dicha gente al cruce.

Tenemos el derecho y ustedes la obligación de darnos libre acceso a Tandil.

Desde ya, muchas gracias.

 

Julio Ricardo Ruiz

DNI 24.339.518

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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