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Un centro lúgubre y desolado, el escenario del comercio que reclama acciones urgentes

El movimiento se redujo visiblemente con la entrada en vigencia de la Fase 2. Las restricciones se conjugan con la crisis económica y con pronóstico de lluvias, se agrega el clima. Todos los rubros ya acusan menos ventas. Comerciantes reclaman un rol más activo del Municipio en la gestión de la pandemia y piden a Nación y Provincia una reducción en los impuestos.

Mariano Leunda

Mitad de la semana. Es miércoles. Cerca de las 18. Ya es de noche. Es posible contar, una a una, a las personas que caminan por las principales cuadras del centro de Tandil. La escena es lúgubre y desoladora. Por definición, el centro fue siempre sinónimo de movimiento, de circulación. El principal objetivo de la Fase 2, del llamado a quedarse en casa, luce sus frutos. Como contrapartida, la angustia de los comerciantes que aguardan detrás de los mostradores. Sólo falta una hora para cerrar. La infraestructura, sobre todo en los locales más amplios, resulta una picardía, potencia el sentimiento de pena.

Las variopintas estrategias de los negocios para amoldarse a las nuevas disposiciones de atención no lograron captar la atención de los clientes. Más allá de las medidas sanitarias, los bolsillos ya venían golpeados. En una recorrida, la pregunta hasta parece de más. Todos asienten con rostros de preocupación. Las ventas cayeron y más aún durante esta semana.

Al evaluar las causas del desinterés del público, quienes están al frente de los locales coinciden en la incomodidad para los clientes que ya no pueden recorrer las estanterías y percheros, sino que deben pedir que les acerquen la mercadería hasta la línea municipal.

En una gran tienda de indumentaria, un joven observa pantalones apostados sobre el mostrador. Los mide con un jean que llevó desde su casa. Compara los modelos y adivina si el corte dispuesto a comprar se asemeja al calce conocido de su vaquero preferido.

Como una pequeña muestra de su enorme stock, la casa colocó dos percheros en el hall de acceso, con carteles que rezan “nueva colección, muestras”. Una de las empleadas repara en la inmensidad del local absolutamente desierto.

En la librería preparada para que los clientes se sirvan y elijan a gusto, un empleado va y viene a demanda de una madre y de su hija, que se proveen para la escolaridad remota que impuso la Fase 2. La postal es de otra época, de esa en la que el almacenero tenía la mercadería en su retaguardia y el cliente observaba de lejos.

La casa de deportes de 9 de Julio al 600 es un gigante solitario. El mostrador que impide el ingreso está vacío. La única alternativa para los compradores es llevar indumentaria y calzado con opción de cambio. Ya no hay colas, a pesar de los carteles enormes que promocionan los descuentos y cuotas con tarjetas de distintos bancos.

En la casa de fotos ya no pueden tomar el retrato para la clásica 4 por 4 color o blanco y negro que exigen diversos trámites. Los clientes se sacan selfies que los empleados intentan encuadrar e imprimen con los equipos ubicados en el fondo del local. Más allá de los trastornos, las encargadas se compadecen de lo que ocurre en rubros aún más afectados, como los de indumentaria y accesorios.

Minutos antes de las 19, las escasas mesas de los bares que aún estaban ocupadas comienzan a levantarse. Las patas se pliegan y las sillas regresan al interior. Las luces de los espacios gastronómicos totalmente apagadas hacen que todo sea más triste, como comenta una señora en voz alta, asustada por todo lo que esa postal deja adivinar: más crisis, deudas, desempleo, entre otros conceptos que se reiteran de manera cíclica, en períodos de tiempo cada vez más cortos.

Ya es agonía

La recorrida ratifica las declaraciones de Mariano Abait, uno de los voceros del grupo Comercios Unidos de Tandil, quien dialogó con Eco Noticias. “El impacto fue caótico. La caída de las ventas fue importante, en algunos casos de hasta un 90 por ciento. Realmente pegó muy fuerte”, expuso sobre el balance de la primera semana en Fase 2.

Por otra parte, se anticipó a las consecuencias que podrían tener los días lluviosos que vaticinan los pronósticos. “No sé cómo vamos a hacer. Vamos a tener que poner una carpa en las vidrieras o salir a vender afuera, tipo manteros”, lamentó.

Abait sostuvo que “realmente la necesidad que tenemos es de urgencia” y contó que “hicimos varios pedidos al Municipio y en la última reunión, que nos recibió (el intendente Miguel) Lunghi con (el jefe de Gabinete Oscar) Teruggi, expusimos, les planteamos, todas nuestras necesidades y una era, aunque sea, el ingreso de una persona a los locales”.

En ese aspecto, indicó que para comercios con espacios generosos, como las cadenas deportivas que tienen muchos metros cuadrados, habían solicitado permiso para que entren tres clientes como máximo. “Son salones muy grandes”, dijo.

Consideró que “no estamos pidiendo algo alocado, estamos pidiendo trabajar” y se preguntó cómo van a aguantar, ya que vaticinó que “la caída de ventas va a ser drástica”.

En tanto, evaluó que “en un futuro, va a impactar a todos. Esto es un efecto dominó. A todos les llegó la caída de ventas” y argumentó que atender desde la puerta lleva más tiempo, por lo que la cantidad de personas es mínima.

Terror por la Fase 1

Por otro lado, ratificó que “la reducción de gente en la calle es importante. No solamente por la cantidad de infectados, sino porque la gente tiene miedo. Yo lo entiendo. Es obvio que la gente no va a salir” y apostó a la implementación de medidas sanitarias más efectivas antes que restricciones tan fuertes para las actividades económicas.

Por caso, citó que en Olavarría se desarrolla el programa denominado RTA (Rastrear, Testear y Aislar) y cuestionó “por qué no lo empezamos a hacer acá, en la ciudad; por qué el Municipio no lo hace. Acá estamos hablando de la posibilidad de pasar a Fase 1. Así nos dijeron en la reunión, que si no bajábamos los casos pasábamos a Fase 1, en caso de que se empezaran a incrementar, pero tenemos que empezar a buscar soluciones”.

En esa línea, confió que “hablamos con los colegas que necesitamos que salgan a testear, que salgan a hacer un plan por barrios, por favor. Cuánto tiempo más vamos a aguantar. Nos dicen ‘aguanten 15 días’ y después nos piden 15 días más, y después, ¿cuánto más? Venimos hace un año y medio así. Esto ya no da para más, y estamos hablando de todos los rubros”.

Liquidando el stock

El vocero de Comercios Unidos de Tandil afirmó que “es muy poco lo que se vende. Ayudan mucho las redes sociales. Tenemos envíos gratis” y agregó que “la mayoría de los locales tuvieron que salir a liquidar, sin rentabilidad. Es lo que no entiende el Municipio. No tenemos rentabilidad”.

Reparó en la cantidad de promociones que se difunden y no sólo en indumentaria, de todos los rubros, muestra de que se resigna la rentabilidad. “Si no ganamos cómo sigue todo esto, cómo gira la rueda, cómo generamos empleo”, preguntó.

Frente a aquellos que no demuestran empatía con los comerciantes y se expresan con comentarios en las redes sociales, explicó que “nosotros hacemos funcionar parte de la economía. Tenemos que generar trabajo y es la única forma de que el país siga adelante y crezca. Y no es sólo Tandil, está complicada toda la provincia de Buenos Aires. Cuando se vengan los meses de invierno, junio, julio y agosto, va a ser terrible esto. Entonces, la solución hay que buscarla ya”.

En esa línea, anticipó que van a redactar un petitorio para enviar a todos los niveles del Estado. “Pedimos que el Municipio sea un canal de diálogo con Nación y Provincia, porque necesitamos urgente reducción de impuestos. Sabemos que no van a ser a corto plazo pero en algún momento lo vamos a tener que recibir, vamos a tener que tener una reducción de impuestos urgente porque no se aguanta más. Realmente la situación no da para más”.

Para finalizar, ante un panorama con muchos compromisos y escasos ingresos, describió que “es durísimo y no vemos luz al final del túnel. Es terrible. No sé cómo vamos a aguantar”.

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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